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Economía Viernes 16 de Enero de 2026

El despertar de la economía: cuando la noche ya empieza a quedar atrás

Durante mucho tiempo la economía argentina vivió un sueño, por momentos pesadilla, un estado de anestesia colectiva con déficit permanente, inflación crónica y distorsión de precios. Ahora despierta, no es cómodo ni fácil.

Agrandar imagen MOMENTO BISAGRA. El despertar no garantiza éxito inmediato y puede incluir dolores de cabeza, pero abre una alentadora etapa de cambio.
MOMENTO BISAGRA. El despertar no garantiza éxito inmediato y puede incluir dolores de cabeza, pero abre una alentadora etapa de cambio. Crédito: FOTO ARCHIVO

Por Guillermo Briggiler

“Ya es hora que despertéis del sueño. La noche va pasando, el día está encima”. La advertencia de San Pablo, escrita hace casi dos mil años, podría figurar hoy en cualquier manual de economía política. No por religiosa, sino por realista. Porque las sociedades, al igual que las personas, también se duermen. Se acostumbran al desorden, naturalizan lo insostenible y confunden supervivencia con normalidad.

Durante mucho tiempo, buena parte de la economía argentina vivió en ese “sueño”. Un estado de anestesia colectiva donde el déficit permanente, la inflación crónica y la distorsión de precios dejaron de ser síntomas para convertirse en paisaje. La noche no era solo oscura, también era cómoda. Permitía postergar decisiones, ocultar costos y sostener relatos que evitaban el conflicto con la realidad.

Pero la noche, dice el texto, va pasando. Y cuando eso ocurre, la luz no siempre entra de golpe ni sin molestias. El amanecer económico no es un instante mágico, sino un proceso incómodo, ya que revela lo que antes no se veía, expone errores, desnuda fragilidades. El día que empieza no es todavía pleno día, pero ya no permite seguir actuando como si nada pasara.

“Desnudémonos de las obras de las tinieblas”, propone Pablo. En economía, esa frase tiene una traducción directa: abandonar los atajos. La emisión sin respaldo, los controles artificiales, los subsidios mal diseñados, los privilegios sectoriales y las cuentas maquilladas funcionan bien en la oscuridad. Son políticas nocturnas pues si bien generan alivio en el corto plazo destruyen, en silencio, el valor del trabajo, del ahorro y de la inversión.

Quitarlas duele. Como sacarse un abrigo en pleno invierno. Pero seguir usándolas cuando ya salió el sol es condenarse a la transpiración, al cansancio y, finalmente, al colapso.

“Vistámonos de las armas de la luz”. No se trata de armas ideológicas, sino institucionales. El equilibrio fiscal, una moneda creíble, reglas claras, respeto por los contratos, productividad y horizonte de largo plazo no son simples consignas sino que son, fundamentalmente, defensas. Protegen al salario de la inflación, al empresario de la arbitrariedad y al Estado de su propia tentación de gastar lo que no tiene.

Caminar “como en pleno día, con dignidad” es quizás la frase más exigente del texto. En economía, la dignidad no está en prometer lo imposible, sino en decir la verdad. Precios que reflejan costos reales. Estadísticas que no se maquillan. Políticas que explican sacrificios y no los esconden. La dignidad económica consiste en tratar a la sociedad como adulta, no como una audiencia a la que hay que entretener.

Este despertar no garantiza éxito inmediato. Ningún amanecer lo hace. Pero sí marca una dirección. Y en contextos de crisis prolongada, la dirección vale tanto como el resultado. Porque cuando una economía empieza a caminar de día, aunque sea con pasos cortos, deja de tropezar con lo invisible.

San Pablo no hablaba de inflación ni de déficit. Pero entendía algo esencial: no hay transformación sin conciencia, ni futuro sin renuncia al autoengaño. También en economía, llega un momento en que dormir un poco más ya no es descanso... es riesgo.

Y ese momento, claramente, ya llegó.

#BuenaSaludFinanciera

@ElcontadorB

@GuilleBriggiler

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