Por REDACCIÓN
Por Hugo Borgna
“Estoy aquí, lejano, en el murmullo – sin origen, abatido de reflejos – que en angosta franja del día con la noche – remotos astros engendran. Singular ocaso - sin cuerpos me ata al leve resplandor –de los jardines - y tú, torre distante, - que una campana escondes, ¿a qué viento – desconocido hurtas aéreas voces de bronce? - Manos exangües palidecen en el súbito helor – de las sombras cuando aves agoreras desnudan el silencio con un chirrío de agónicos mensajes” (Un sitio en la tierra, “El gusto del agua”)
“Adoré los íntimos rincones – de sus cajas humanas; el corazón de algunos, - el rostro de todos. -
Y aquí estoy, sin tener en la mano otra mano – sin pegar mi corazón sino al eco de mis propios – latidos. – sin soplar el polvo de oro en otra piel – al lado de la mía – con cuánta potencia amé a su muchacha en la calle de los plátanos - y ella no está sin embargo. Solo me quedan – palomas – sobre un mar de papel blanco – y un peregrino cauce de melancolía – En tanto, nacen las riberas de ese milagroso – río que no existe. – Todo secreto me contiene ella: - en las torres una mirada de Argos para buscar – el signo perfecto de la muerte – y descansar para siempre en la esperanza – de dos mundos al viento. – El otro, sombrío secreto del quehacer – de Procusto que algunos de tanto intuir – adivinan – me deja el ácido de la fruta sobre este corazón - de flauta y de cristal. –
Tanto secreto contiene esta ciudad mía – y sin embargo todavía me dedica – como una novia inocente las mejores luces - de sus mañanas. (Arcano, La ciudad me dispone)
Ayer – cuando apenas – una noche de duendes – se detenía en los cercos – y destacaba el contorno – de las estatuas más queridas – mis manos – atrapaban esos rasgos – pequeños – que son mi posesión – En esa plaza – yo la he amado – le dije: - “esta es una tarde – cualquiera, - pero servirá para acordarnos – del tiempo – como si lo hubieran creado - para nosotros” – Ella me dijo: - solo sé que me extraña – tu boca – y que algún día reconocerás – ser el origen – de tus palabras”
– Como entonces – ayer por la tarde – me llevé los dedos – al contorno – de los labios – y recordé cómo la amaba. (Las palabras, la ciudad me dispone)
Alborotan en las calles – bajo el sol, se hamacan en las estrellas – bullen en – la noche – Son parte de las esquinas de los automóviles, - del sonido de las fábricas, - del polvo de los caminos –
Cuando bisbisa la actitud señorial de las palabras – dichas para certificar un gesto, - el arrojo esgrime figuras de hombres – en una adultez de risa y miradas. – los faldones de las camisas flotan alrededor – de las cinturas estrechas; - en sus motocicletas en techo transparente – asimila la luz y se los ve por dentro – cuando dejan tras de si un delirio, - un temporal de manos, un volcán de corazones – una sombra violeta de desprecio – algún día serán también el dolor, la poesía – los hijos, la tristeza; pero en estos instantes – tal cual lo certifican las torres – ellos son el valor de la repulsa – hacia la frágil gravedad de la adultez. –
Alborotan a veces un temblor de sones, - con sus saltos de pájaro las calles se llenan – de ademanes – y vuelan sobre los techos – en las cornisas, hacia los balcones. – Están atrapando la vida – para asimilarla a gusto – porque desde hace un tiempo – comenzaron a amarla (Muchachos, La ciudad me dispone)
Los documentos (oficiales, serios) dicen que Lermo Rafael Balbi nació en nuestra Rafaela en 1931.
Que fue bachiller, maestro y Profesor de Castellano, Literatura y latín. Su modo de percibir lo poético quedó en libros que, como aves de papel, están volando por nuestras sensaciones. Poesía, narrativa, teatro, todo quedó entre nosotros y permite que, en momentos diferentes y como al pasar, profundicemos su verdad caminando paso a paso con sus vivencias. En este concretoespacio nos ha hablado el Poeta. Ha sido bueno escucharlo.
Hugo Borgna