Por Guillermo Briggiler
Mientras los clubes de fútbol ajustan cargas físicas, suman incorporaciones y revisan el libro de pases, la economía argentina atraviesa su propia pretemporada. Todavía no hay partidos oficiales, pero sí decisiones que marcan el rumbo. Y como en el fútbol, el verdadero objetivo no es ganar el primer amistoso, sino llegar bien preparados a un torneo largo y exigente.
Atlético de Rafaela ofrece una metáfora clara. Los hinchas del club saben que no alcanza con nombres conocidos ni con apuestas emocionales. La prioridad pasa por ordenar la estructura, cuidar las finanzas y reforzar con criterio, pensando en el funcionamiento del equipo más que en el impacto inmediato. En economía ocurre lo mismo: antes de crecer, hay que ordenar; antes de acelerar, hay que estabilizar.
El mercado de pases también deja lecciones elocuentes. Los clubes con restricciones presupuestarias suelen caer en la tentación de contratar por urgencia con préstamos caros, contratos cortos y soluciones que prometen más de lo que entregan. La economía argentina conoce bien ese camino a través de la emisión para cubrir déficits, controles para disimular suba de precios y parches que estiran el presente a costa del futuro. Son refuerzos de corto plazo que terminan pasando factura.
En cambio, los proyectos serios apuestan a incorporaciones funcionales, jugadores que encajen en el esquema y rindan de manera sostenida. En términos económicos, eso implica abrir espacio al capital privado, garantizar reglas claras y permitir que el mercado cumpla su rol central, esto es asignar recursos, generar señales de precios y fomentar la inversión productiva. No se trata de fichar estrellas sino de armar un sistema que funcione.
La pretemporada también enseña algo clave: los tiempos importan. Ningún refuerzo rinde en la primera fecha si no hay adaptación. La economía tampoco responde de inmediato. Pretender resultados rápidos luego de años de desorden es exigirle a un plantel recién armado que juegue a alta intensidad sin trabajo previo. La disciplina fiscal, la estabilidad monetaria y la previsibilidad contractual no dan titulares diarios, pero sostienen el rendimiento.
De cara a los próximos meses, el escenario económico se parece justamente a esa etapa final de la pretemporada. Se espera una actividad todavía irregular, consumo cauteloso y empresas ajustando costos, pero también una inflación en desaceleración, mayor orden en las cuentas públicas y señales incipientes de reactivación en sectores ligados a la inversión y a las exportaciones. No será un arranque brillante, pero sí un contexto más apto para empezar a jugar con un plan.
La Crema, por su historia, sabe que las buenas campañas no se construyen con improvisación o con golpes de suerte, sino con método, trabajo y coherencia a largo plazo. La economía argentina enfrenta el mismo desafío. Ordenarse, reforzarse bien y confiar en que un esquema pro mercado, aunque menos vistoso al inicio, es el único capaz de sostener resultados en el tiempo. En la cancha y en la macro, llegar bien preparados sigue siendo la mejor estrategia.
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